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Lee un fragmento de Hijos de la Luz
Aquí puedes leer un extracto oficial de Hijos de la Luz antes de comprarlo. Este fragmento está pensado para que conozcas el inicio, el tono y la atmósfera de la novela.
Fragmento de Hijos de la Luz
PROLOGO Y CAPITULO I
Prólogo
La crónica de la transición.
La oscuridad no nos conquistó con ejércitos, ni con fuego, ni con bestias de garras afiladas. Si lo hubiera hecho, habríamos luchado. El ser humano siempre ha sabido defenderse de los monstruos que puede ver.
La verdadera oscuridad fue mucho más inteligente. Entró en silencio en nuestras casas disfrazada de comodidad.
Nos ofreció silicio iluminado para que dejáramos de mirar las estrellas. Nos dio monedas humo y dígitos en pantallas para que midiéramos nuestro valor material y no espiritual. Nos vendió pastillas para adormecer nuestra tristeza y nos construyó templos de mármol frío para que creyéramos que “la Fuente” era inalcanzable, exigiéndonos un peaje de culpa y miedo para poder ser amados.
A sus pies, la ciudad vibraba. Millones de personas en sus casas, con los rostros iluminados por el fulgor azulado de las pantallas, consumiendo las noticias falsas que ellos habían redactado, temiendo las guerras que ellos habían financiado y adorando a los ídolos de barro —actores, cantantes, deportistas— que ellos habían moldeado para mantener anestesiada a la bestia.
La bestia era el público. Y el público, si no estaba entretenido o aterrorizado, era peligroso, pan y circo.
—El primer ministro británico está siendo problemático —dijo una voz a su espalda, rasgando el silencio de la biblioteca forrada en madera oscura de caoba y olor a papel antiguo.
Y nosotros, portadores de la chispa divina, herederos del universo, hijos de la luz, “Dioses”, aceptamos el trato. Cedimos nuestra soberanía sin disparar una sola bala. Nos encerramos voluntariamente en la granja y les entregamos las llaves a los parásitos. Olvidamos que éramos inmortales para poder jugar a ser seguros.
Pero el universo tiene un límite para la mentira. La vida no permite que la luz permanezca oculta para siempre bajo un cesto de silicio y usura.
Esta es la historia de los días en que el velo se rasgó. Los días en que los falsos dueños del mundo decidieron apagar la Tierra, creyendo que en la oscuridad absoluta terminaríamos de rendirnos.
Capítulo 1
Los hilos de la niebla.
Roma no perdona. Nunca lo ha hecho.
Desde el ventanal del Palazzo Massimaccio, oculto a las miradas de los turistas por murallas de hiedra y siglos de silencio, Valerio contemplaba la cúpula de San Pedro. Llovía. Una lluvia sucia, pesada, que parecía lavar los pecados de la plebe solo para arrastrarlos hasta las alcantarillas.
Valerio, actual patriarca de una de las trece familias de sangre más antigua que la propia Iglesia, giró el anillo de ónix en su dedo índice. En él, apenas visible, se perfilaba el águila bicéfala: el símbolo de los que observan en todas direcciones.
¿Quieres continuar la historia?
El fragmento termina aquí, pero el apagón acaba de empezar. Elige la edición que prefieras para descubrir qué ocurre cuando Mateo, Elena y Diego siguen las primeras pistas del manuscrito.